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“Hombre, si no queda más remedio”.
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¿Quien no ha escuchado esta respuesta?
¿Quién alguna vez no ha pronunciado estas palabras?
Soy yo el primero que entona el “mea culpa”.
De manera genérica la respuesta es que no debemos. Si la única forma de competir es bajar los precios, debemos plantearnos seriamente cambiar de estrategia, de forma de competir. Significa que hacemos lo mismo que muchos otros y que lo hacemos de la misma manera. Quiere decir que la valoración del cliente sobre nuestro trabajo es baja. Que no percibe mucho valor. Nos habla de que la competencia es muy fuerte. [ Leer el resto de la entrada » ]
Parece que los concursos de arquitectura son nuestra única salvación. Desde hace ya algún tiempo, los concursos han ganado participación. Incluso, en algunos casos, la participación es desproporcionada para la importancia de la obra a proyectar y para los honorarios que se generarían en el caso de ganar y realizar el trabajo. He escuchado a muchos compañeros decir
¿pero que vamos a hacer si no?
Actuar con sentido común. Presentarse a un concurso sin tener posibilidades ciertas de ganarlo no es inteligente. Es perder el tiempo y creo que podemos dedicarnos a otras acciones encaminadas a mejorar nuestro futuro. Invertir a medio-largo plazo.
¿Pero que vamos a hacer si no? Suelo responder con otra pregunta. En tu actividad ¿haces lo mismo que los demás arquitectos? ¿Qué haces de manera diferente? [ Leer el resto de la entrada » ]
No a las recetas para todos. No a los procedimientos genéricos.
Dejemos paso libre a nuestra personalidad, a nuestra creatividad, a nuestro yo más interno.
Lo que propongo tiene que ver con que el arquitecto gane grados de libertad. Que pueda elegir, y fruto de esa decisión libre, gobernar su carrera profesional. Que desaparezca esa predeterminación en la que al menos a mí me formaron. Y por lo que he hablado con muchos compañeros, parece que no fui el único formado de esa manera. No quiero que parezca un reproche, doy las gracias a todos mis profesores de la Escuela de Arquitectura por su empeño, dedicación y no dudo, buena fe. Sin ellos no sería quien soy. Para lo bueno y para lo malo.
Cada uno de nosotros tiene sus propias creencias internas. Eso es personal e intransferible. Por lo tanto, aquello que voy a esbozar debe tomarse con la debida precaución. Lo importante es comprender la idea en su conjunto y la necesidad de que el cambio se lleve a cabo en nuestro interior. No aconsejo perderse en los detalles. [ Leer el resto de la entrada » ]
No tiene sentido que, mientras todo está cambiando a nuestro alrededor, nuestra profesión no lo haga, dejando pasar importantes oportunidades por nuestros prejuicios profesionales heredados de nuestra formación diseñada para dar respuesta a un mundo que ya ha pasado.
O peor aún, no aprovechándolas por hallarnos secuestrados por una forma de desempeñar la profesión que forma parte del pasado, que no va a volver.
La profesión de arquitecto tal y como la hemos conocido hasta ahora es parte del pasado. El boom inmobiliario de esta década enmascaró una realidad que ahora la crisis ha hecho evidente.
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“Se ha dicho que los arquitectos debemos ser más profesionales o que la solución a nuestros problemas pasa por “funcionar” como una empresa. En el desierto hay que tener mucho cuidado con los falsos oasis, y en nuestro caso es peligroso confundir que para llegar a la virtud basta con ser. Hay que ser excelente.
Y me explico. El modo de conseguir un buen desempeño de la profesión, no es ser “más profesionales”, ni como suele escucharse en “profesionalizarse”. Quienes hacen esta afirmación dan a entender que los arquitectos somos amateurs. Tampoco encontraremos el bálsamo en ser una empresa o en comportarnos como lo hace una empresa.
Se trata de ser buenos profesionales o funcionar como lo hacen las buenas empresas, desde nuestra naturaleza de arquitectos. Esta es la idea que quiero que quede clara: la diferencia es abismal. [ Leer el resto de la entrada » ]
Los arquitectos estamos frente a una encrucijada. Vamos a tener que adaptarnos a la nueva realidad y de una vez por todas aprender a competir. Para ello, podríamos aprender técnicas concretas en libros sobre management, marketing, operaciones, recursos humanos, nuevas tecnologías, innovación, finanzas y un largo etcétera, donde todo está escrito de forma precisa. Lo más probable es que nuestro terrible esfuerzo no obtuviera excesivo premio. No creo que entendiéramos gran cosa. Además, obrar de esta manera, quizás no sea lo más adecuado en el momento en que nos encontramos.
El problema al que se enfrenta el arquitecto hoy en día no reside en aprender y aplicar una serie de reglas de técnicas. En el fondo es una lástima, puesto que la solución sería sencilla. Las bibliotecas están llenas de conocimiento sobre estas materias.
Si seguimos haciendo lo mismo que antes, aún correctamente maquillado, lo más probable es que obtengamos resultados similares. Si no cambiamos nuestra forma de pensar, no hay nada que hacer.
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