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Y en medio de todo esto, ¿qué es de los jóvenes arquitectos?

Una nueva esperanza

Con el fin del boom inmobiliario se destapó la Caja de Pandora de la profesión y ahora andan sueltos todos los males. Escasez de trabajo, multiplicación normativa, Ley Omnibus, Bolonia, competitividad… Con desconcierto vamos viendo cómo día a día la vía de agua es más grande, y no hemos terminado de echar una cazoleta al mar cuando ya el agua de nuevo nos sobrepasa el cuello. La fractura entre lo que fue la profesión y lo que será se ha hecho ya patente en nuestro sector, los que ya estábamos en ejercicio durante el boom aún estamos aturdidos; sin embargo cada día me asombro más de la inmunidad que han desarrollado las nuevas generaciones a estas afecciones nuestras, que están aprendiendo a crecer bajo unas condiciones tan adversas.

Autor | Germán Cintas Araújo.


Nosotros, los antiguos, los que conocimos los estilógrafos en primero  de carrera, llevamos desde hace tiempo pidiendo responsabilidad dentro de la profesión. Pedimos acciones políticas, respeto desde las Administraciones, nuevos modelos colegiales, aclaraciones sobre la deriva de la profesión ante la normalización europea, control de la contratación en los estudios… Quizá porque conocimos otra cosa, quizá porque alguien tiene que hacerlo o simplemente porque nos ha tocado, tenemos todos la enorme responsabilidad de llevar a cabo un cambio en la profesión, y en eso andamos.

Pero a lo largo de estas dos semanas, gracias a los cursos ofrecidos desde FIDAS, gracias a mi curiosidad, me estoy encontrando con jóvenes arquitectos que están emprendiendo sus negocios en torno a la arquitectura con un potencial tremendo. Hablaba el otro día con Eva, una joven arquitecta, que ante mi pregunta “¿Y qué hacéis vosotros en vuestro estudio?” me contestó en estos términos “Nuestra empresa está muy diversificada, tenemos varias líneas de negocio”, y a mí se me cayeron dos lágrimas. O ayer mismo, en la jornada Nuevas Salidas Profesionales (cuyos resultados prometo ofrecerles), alguno comentaba la falta de formación gerencial en la profesión.

Y es que los jóvenes no han conocido el boom, por lo que no sufren la frustración de haber perdido nada, esto ya estaba así cuando llegaron. Observan que ante la escasez de recursos poca ayuda llega por parte de Administración o de Colegios, por lo que les ata a ellos poco más que el rendimiento de la pleitesía protocolaria y nada más; al modo de César Augusto, hay que ofrecer sacrificios para contentar a los Dioses pero quien pelea es el hombre.

Hablamos de una generación global, sin fronteras, que han disfrutado de estancias en otros países, algunos extra comunitarios, que han conocido otras formas de vivir y profesar la arquitectura, otros sistemas y organizaciones, y que además vuelven provistos de una cartera relacional importante.

Además, dada su juventud y el cambio de contexto, no tienen cargas hipotecarias, familiares ni están inmersos en elevados hábitos de consumo (ahora ya no todos van al Caribe de vacaciones como hasta hace poco) por lo que los recursos económicos toman un papel secundario en su lista de motivaciones.

Conocen y se mueven en las redes, entienden la relación entre generación de marca, comunicación, confianza y generación de contactos para vender sus servicios y productos, y no ven el márketing como la venta de frascos de bálsamo de Fierabrás.

Como en la Berenice de Calvino, una nueva generación va germinando en medio del caos y terminará abriéndose paso, ley de vida que decía mi padre, innovación disruptiva que lo llaman en Económicas. Y yo, que soy de aquellos “entre el “rotring” y el 3D”, que me siento con un pie en cada orilla, reivindico en medio de la hecatombe, atención a la nueva hornada, que viene con fuerza y con ganas, sembrando mucho a diario para brotar con fuerza en cuanto caigan dos gotas.

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2 comentarios

  1. Enviado 23 Noviembre, 2013 de 11:40 | Permaenlace

    Muy buen artículo.
    Es cierto que los arquitectos jóvenes salimos como un misil de la carrera, con las ganas de comerse el mundo típicas.
    Es más fácil asumir el mundo limitado en el que vivimos, aunque lo enriquecedor sería, es y será la fusión de la mente joven con la experiencia madura.
    Yo aún sigo buscando a mi arq mayor, lo que antaño fuera el maestro constructor.
    Seré algo iluso, pero yo sigo creyendo que se puede volver a poner la arquitectura en un puesto digno.

  2. Enviado 24 Noviembre, 2013 de 12:41 | Permaenlace

    Antonio,
    Cada vez tengo más claro que la mezcla de edades es enriquecedora y conveniente. Cada uno de nosotros cambia con la edad.
    Mucho ánimo y mucha suerte.

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