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¿Recelo a la innovación?

Reticencias en la profesión a hacer las cosas de otra manera

Si preguntamos a alguien de a pie qué cualidad caracteriza al arquitecto probablemente nos contestarán que la creatividad. En una profesión en las que términos como innovación, replanteamiento y adecuación están al orden del día, ¿por qué nos cuesta tanto trasladarlos al plano de nuestros negocios?

Autor | Germán Cintas Araújo.

En el boletín El Exportador de este mes leía ayer un artículo muy interesante: Innovar para internacionalizase depende de usted. Personalmente me atrajo porque toca dos temas que me interesan sobremanera. El texto (les recomiendo que lo lean) deja muy claro que innovar es hacer algo de forma distinta para generar valor, que es algo necesario para posicionarse como marca de calidad y una exigencia absoluta para cualquier empresa en nuestro contexto actual.

Si los arquitectos disponemos de esas cualidades, si somos creativos y dinámicos de forma innata, ¿por qué somos incapaces de replantear de nuestro estudio como empresa? ¿A qué ese lío con la gestión del negocio?. Si somos conscientes de la necesidad de innovación y de la falta de procedimientos para llevarlo a cabo, ¿por qué no solicitamos ayuda o adquirimos la formación necesaria? ¿De dónde procede esa incapacidad?.

Yo aludiría varios motivos. En primer lugar la resistencia al cambio; la tozudez de “si lo de siempre funciona, ahora también” tan normal en todas las organizaciones y tan enquistada en la nuestra.

En segundo lugar la desidia; es complejo extrapolar procesos de innovación a una disciplina de la que renegamos, como es la gestión empresarial. Y es que nos negamos priorizar el rol de gestor sobre el de proyectista. Si nos interesaran mínimamente los entresijos que mueven la empresa podríamos ser de los mejores empresarios del país, pero es algo que aborrecemos. Y mira que hay formas divertidas de repensar una empresa (el método del lienzo por ejemplo), y ni por esas.

Esto se solventaría creando equipos multidisciplinares, donde cada miembro desarrollara lo que le gusta y se le da bien, dar la oportunidad de crecer profesionalmente a las personas que componen el equipo, pero aquí tenemos una tercera cosa: la escasa importancia otorgada a los recursos humanos y a la retención de talento en general en la empresa española (¿les suena?), factores también referidos en el artículo.

Una cuarta cosa, los españoles nos caracterizamos por la aversión al cambio. Y es que hay algo que tenemos en los genes, algo que los medios nos repiten con frecuencia, que la innovación está mejor vista en el extranjero que en la sociedad española. Nosotros no somos innovadores por naturaleza sino más bien al contrario, estáticos, y es un hecho cultural contrastado.

Por último se desvela otra verdad como un templo, y es la distancia existente entre la Universidad y la empresa, lo que se enseña/investiga y lo que la empresa/mercado demanda. No funciona como la incubadora de innovación que debería ser.

En definitiva esta es la realidad: innovar es dinero y estas son las barreras. A partir de aquí, hacerlo diferente depende de usted.

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