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¿La solución es el cambio?

Autor | Germán Cintas Araújo.

Hace unas semanas en un foro de debate alguien preguntaba si en las actuales circunstancias el cambio en nuestra profesión es algo necesario o algo que determinados agentes desean vender con la intención de hacer leña del árbol caído. Dado que mi actividad profesional en este momento es actuar precisamente como facilitador del cambio a aquellos profesionales que requieren nuestra ayuda está cuestión me dejó pensativo.

¿Es realmente el cambio algo necesario para todos los estudios de arquitectura de nuestro país? A este respecto creo que la respuesta es obvia. El cambio es una opción, algo que se decide libremente, y no tiene por qué constituir la panacea. Pero en general es algo obvio que todos los arquitectos de España en este momento estamos sometidos a un proceso de adaptación que nos ha sorprendido con la guardia muy baja.

Podemos tener una buena carta de navegación sobre una ruta por la qué hemos transitado a menudo y siempre nos dejó en el puerto deseado. El dilema aparece cuando nuestro contramaestre nos advierte que los factores externos no son los esperados: una tormenta repentina o el avistamiento de icebergs, que pueden poner en peligro la embarcación, la carga, los pasajeros y a los tripulantes. Es el momento de elegir. El éxito o fracaso de la maniobra dependerá en todo caso de la experiencia del capitán, cuya intuición y conocimientos de la capacidad de su navío y la pericia de sus tripulantes serán la única salvaguarda.

Si el capitán es un hombre sensato, conocedor de sí mismo, sabrá tomar la decisión correcta. Sin embargo, el principal enemigo al que se enfrenta el navío es a la propia obstinación del capitán: por aquí hemos circulado siempre, por aquí seguiremos. Si Moby Dick me arrancó ya una vez la pierna, no importa, arriesgaré la vida por darle fin.

A lo que repetidamente llamo resistencia al cambio no es más que esto, la obstinación por continuar con patrones de trabajo que pueden- si no están bien diseñados- conducirnos a la quiebra. Y a este hecho nos enfrentamos a diario en nuestros foros; arquitectos que reclaman a diario la vuelta a la calma en medio de la tormenta, o que venga alguien con un soplete a eliminar los icebergs.

Por supuesto que algunas circunstancias son absolutamente imprevisibles, no creo que Felipe II fuera consciente de lo que se le avecinaba cuando botó la primera fragata de La Armada Invencible.

Puede ser que el capitán, hombre conocedor de lo limitado de su experiencia ante semejante situación decida consultar a su cartógrafo o al marinero más experimentado de a bordo.

Ese es el papel de empresas como bsA. No se trata de vender un cambio innecesario (la ruta trazada puede ser segura a pesar del contratiempo) sino de ayudar a tomar las mejores decisiones con perspectiva.

Sin embargo, creo que estamos de acuerdo si digo que los imprevistos actuales no son transitorios, o cuanto menos el panorama pasado no volverá a ser el mismo. El concepto tradicional de arquitecto de taller está llamado a evolucionar porque las circunstancias sociales, económicas y legales en las que germinó ni son ni serán las mismas en el futuro.

Cuando el cambio es crónico, y las rutas tradicionales ya no aseguran arribar a buen puerto, ¿no será buena idea que un buen profesional nos ayude a confeccionar nuevos mapas?



Germán Cintas Araújo. Arquitecto Superior por la ETSA de Sevilla. Máster en Dirección Estratégica y Negocios Internacionales. Universidad de Sevilla.

Dirección Zona Sur en bsA [Rethinking Architecture]
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